
Recuerdos de Manuel Tuñón de Lara sobre el campo de concentración de Albatera: Prólogo al libro de memorias de Memorias de Sixto Agudo "Blanco". Pág. 21.
«La mayoría, unos 12.000 entre los que estábamos Sixto Agudo y el autor de estas líneas, fuimos conducidos, hacinados en vagones de ganado, al cercano campo de Albatera, cuyo solo nombre evoca uno de los más sombríos aspectos de la represión franquista de 1939. Más de siete meses de malos tratos y vejaciones, de hambre hasta la extenuación, de hombres que morían fusilados por pretextos fútiles (la acusación más frecuente era intento de fuga), o de sed (llegamos a pasar tres días sin que entrase un solo tanque de agua) o simplemente de las enfermedades propagadas en una concentración humana sin ningunas condiciones sanitarias y de acusado grado de subalimentación. El campo suponía también la amenaza de ser llamado en cualquier momento por una de aquellas "comisiones" falangistas, sobre todo de localidades rurales, que seleccionaban a los que estimaban más "rojos" de cada pueblo; en unos casos para asesinarlos en su lugar de origen, en otros para atravesarlos a balazos a pocos kilómetros de abandonar el campo. Sin duda, los momentos más trágicos fueron los de algunos fusilamientos ante la totalidad de los prisioneros formados para presenciar la ejecución. La primera ejecución, de recuerdo imborrable para cuantos la presenciamos, fue la del capitán Ramón Navarro, su hermano y un capitán médico, que habían escapado del campo y fueron capturados posteriormente».
"Cuando nos avisaron de la inmediata marcha, aún a pesar de no saber nuestro destino, sentimos gran alegría. Aunque hubiera sido para matarnos nos habría alegrado, pues terminaba el gran suplicio. Claro que no pensábamos en eso; era mediodía y ellos, a tales horas, no acostumbraban matar." (Manuel García Corachán, Memorias de un presidario). // Algunos soldados franquistas nos prevenían cuando se acercaba una comitiva, dándonos el nombre de la localidad de la que procedía. Así el grupo en el que había presos de la provincia, para no pasar todos juntos, se mezclaba con el de otras regiones. En el desfile procurábamos que en los primeros 2000 no pasara ningún paisano de los ojeadores. Después daba igual, ya que había que tener ojos de lince para que, dado el estado en el que nos encontrábamos, dieran con los que buscaban, aunque alguno con rasgos o señas poco comunes siempre caía. Guillermo Gómez Blanco. //


Sebastián Martínez del Hoyo (más conocido como Progreso Martínez), que había pertenecido a las Juventudes Libertarias de Centro y fue prisionero en Albatera: "allí, al poco tiempo de haber entrado, empezamos ya a constituir una especie de comité interno clandestino, y el que digamos llevaba la dirección de ese Comité Interno, por las facilidades que le daba su propio puesto de trabajo en Albatera, era [José] Penido, que era enfermero, que había sido jefe de División, que era asturiano, o del norte. Este era el que llevaba casi todos los contactos con los grupos internos que se habían formado, más o menos bien ahí en el interior. En fin, había una especie de estructura interna, clandestina, de la organización en el campo." Entrevistas a Progreso Martínez del Hoyo, Béziers y París, 1990 y 1992, FSSB, Fonoteca del Archivo de la Memoria.
"Cuando uno de los evadidos era capturado, tocaban a formar a la hora que fuera y lo fusilaban ante nuestros ojos. Luego nos hacían desfilar ante los cadáveres de nuestros compañeros. Utilizaron un método extendido posteriormente en la represión nazi. Nos dividieron en grupos y cada uno llevaba un número. Para obligar a que nos vigiláramos mutuamente, decidieron que por cada evadido serían fusilados los números siguientes. Revista Interviú num.402 (1984). "Albatera, el Auschwitz de Franco". García Duarte:"
